En el ámbito del deporte, el atletismo posee la singularidad de integrar un conjunto variado de disciplinas relacionadas con habilidades y aptitudes naturales del cuerpo humano (desde las carreras de velocidad y de fondo hasta los lanzamientos y los saltos de longitud y altura) y la aureola de ser la más antigua de las manifestaciones deportivas, con ilustres precedentes en la Grecia clásica.

En su renacimiento moderno, que cabe situar en el siglo XIX, el desarrollo del atletismo ha corrido paralelo al de los Juegos Olímpicos, en los que ha ocupado una posición central desde su refundación en 1896; junto a esta cita cuatrienal, sin duda el máximo acontecimiento deportivo de nuestro tiempo, en las últimas décadas han proliferado encuentros de altísimo nivel como el Campeonato del Mundo (desde 1983) que han captado también la atención de los medios. La dedicación profesional y la tecnificación de los entrenamientos ha llevado a las distintas disciplinas atléticas a niveles inimaginables cien años atrás y a una ininterrumpida superación de los récords precedentes; si como práctica el atletismo es uno de los deportes favoritos por su naturalidad, como espectáculo llena de admiración y asombro ante lo que parece una negación a los límites del potencial humano.

Historia del atletismo.

Las acciones en que se basan la mayor parte de las distintas modalidades atléticas, como arrojar pesos, saltar obstáculos o correr, formaron parte de la cotidianeidad del hombre prehistórico en el ejercicio de la caza, uno de sus principales medios de subsistencia: según las circunstancias, el cazador había de perseguir a la presa o huir, salvar obstáculos, lanzar armas arrojadizas o pelear cuerpo a cuerpo. Con el paso de los siglos, el ser humano descubrió el placer de la actividad atlética, fundamentalmente de la carrera a pie, y a partir de ahí se diversificó su finalidad y comenzó la competición, ya con carácter deportivo.

Los principales artífices de este cambio fueron los antiguos griegos (Platón, por ejemplo, elogiaba con entusiasmo la carrera pedestre), y la plasmación de estas inclinaciones deportivas son los Juegos que, desde muchos siglos antes de Cristo, se disputaban en la ciudad griega de Olimpia. Los Juegos de Olimpia, documentados desde el año 776 a.C. con el triunfo del velocista Coroebus, se celebraban cada cuatro años. Sólo competían hombres (había otras competiciones aparte para mujeres, los Juegos Hereos) y las principales pruebas eran el estadio (es decir, una vuelta a la pista de cerca de 200 metros), el diaulo (dos estadios) y el dolico (prueba de fondo), además del salto de longitud y el lanzamiento de disco.

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Animado por este renacer deportivo, el barón Pierre de Coubertin promovió infatigablemente la restauración de las Olimpiadas de la antigua Grecia; finalmente, en 1896 se celebró la primera edición de los Juegos Olímpicos modernos, siendo elegida como sede la ciudad de Atenas para simbolizar su continuidad. Desde la refundación y hasta nuestros días, el atletismo ha sido el deporte olímpico por excelencia.

En 1903 se celebró el primer Cross de las Naciones, precursor del actual Campeonato del Mundo de la especialidad. En 1912, en Estocolmo, se fundó la Federación Internacional de Atletismo Amateur (IAAF), para acabar de definir los reglamentos, controlar el amateurismo y establecer una lista oficial de récords del mundo. Oficialmente, el nacimiento de la IAAF fue ratificado en Berlín un año después. En la actualidad, la IAAF cuenta con más países afiliados que la ONU o cualquier otra asociación internacional (más de doscientos), y en torno a ella gira la organización y regulación del atletismo mundial.

Las pruebas atléticas

El atletismo engloba dos grandes tipos de pruebas: las carreras y los saltos y lanzamientos; estos dos últimos suelen agruparse bajo la denominación de «concursos atléticos». Las carreras pueden desarrollarse en un estadio o fuera de él, como suele ser el caso de la maratón, la marcha atlética o el cross; a excepción de las carreras de relevos, en las que participan por equipos, los atletas compiten a título individual en una pista despejada o con obstáculos (como en las carreras de vallas).

Atendiendo a estos factores, las carreras suelen clasificarse en cuatro modalidades: carrera lisa, carrera de obstáculos, carrera de relevos y carrera de cross. A su vez, las carreras lisas se subdividen en tres grupos: de velocidad (100, 200 y 400 metros), de medio fondo (800, 1.500 y 3.000 metros) y de fondo (5.000 y 10.000 metros, maratón, marcha atlética). En los países anglosajones se celebran también carreras de distancias particulares, como la milla. Las carreras de obstáculos se disputan a 110 (100 en las féminas), 400 y 3.000 metros. Las de relevos se corren en las modalidades de 4×100 y 4×400 metros.

En los saltos se compite en las especialidades de salto de altura, salto de longitud, triple salto y salto de pértiga. Los lanzamientos se subdividen en lanzamiento de peso, disco, jabalina y martillo. Existen, asimismo, las pruebas combinadas o compuestas como el decatlón o el heptatlón, en las que un mismo atleta participa en un conjunto de diez o siete de las especialidades antes citadas.

La pista de Atletismo

Los estadios de atletismo homologados tienen una pista de 400 metros de diámetro o cuerda (con dos curvas semicirculares y dos líneas rectas) dividida en ocho calles. Actualmente, todas las pistas importantes son de un material sintético llamado tartán, una especie de moqueta porosa que facilita el agarre de las zapatillas de clavos.

pista atletismo

 

 

Las ocho calles tienen una anchura aproximada de 1,22 metros y, para igualar las distancias, las marcas de salida de las calles exteriores se avanzan unos 7 metros de forma escalonada en la salida de 400 metros. A esto se le llama compensación. Los últimos 10 metros de la pista o zona de meta están marcados por diez líneas transversales. En la salida de las carreras iguales o inferiores a los 400 metros, los velocistas utilizan los starting-blocks o tacos de salida para darse impulso.

Además de la pista de tartán, la competición de atletismo requiere otros espacios: zona del salto de altura, del salto con pértiga, rectas de tartán para los saltos de longitud y triple salto, zona de lanzamiento de peso con arena, un pasillo para la carrera de lanzamiento de jabalina y círculos para los lanzamientos de disco y martillo. Algunas veces, por seguridad, estos lanzamientos se desarrollan en horario diferente a las carreras en pista.
Los campeonatos en pista cubierta, que se disputan en invierno, tienen diversas particularidades. La medida más usual de las pistas es de 200 metros de cuerda, con seis calles y peralte en las curvas, más ocho calles en el interior para las pruebas de máxima velocidad. En pista cubierta se realizan menos pruebas que al aire libre. Se disputan las carreras de 50 y 60 metros vallas (en lugar de las de 100, 110 y 400 metros vallas) y de 50 y 60 metros lisos en la prueba de velocidad, en sustitución de los 100 metros lisos. Tampoco se practican en pista cubierta los lanzamientos de disco, martillo y jabalina ni las carreras de más de 5.000 metros, sean de fondo o de marcha atlética. El heptatlón sustituye al decatlón en las pruebas masculinas, y el pentatlón al heptatlón en las femeninas.

Las carreras

Carreras de velocidad

Las carreras de velocidad (100, 200 y 400 metros) han visto a lo largo de su historia una serie de evoluciones técnicas que han contribuido a una ostensible mejora de las marcas. Atletas norteamericanos potenciaron la velocidad con inventos como la zapatilla de clavos, utilizada por primera vez por William B. Curtis en 1868, o la «salida agachada» de Sheril, que no se reconoció hasta 1896. En 1934 se oficializó la sustitución de los hoyos (excavados en pista para marcar la salida) por los tacos de arranque, que permitían un mejor impulso al corredor.

Actualmente, todas las carreras de velocidad se disputan en calles. Los 400 metros fueron inicialmente una prueba de medio fondo en la que los atletas no corrían por calles diferenciadas. En los Juegos Olímpicos de Londres de 1908, tres norteamericanos encerraron, próximo a la línea de meta, al único británico que competía con ellos en la final para impedirle la victoria. El caso forzó la modificación del reglamento tras una decisión del Comité Olímpico Internacional, no exenta de polémica.

Los 100 metros lisos son la prueba reina de la velocidad. Para los atletas de esta especialidad, es fundamental el tiempo de reacción al escuchar el disparo de salida. En esos breves instantes, la técnica es muy importante; el centro de gravedad de los grandes velocistas no oscila en más de cuatro o cinco centímetros, y el momento del apoyo es fundamental para aplicar toda la fuerza elástica, en que la superficie se reduce básicamente al metatarso. El tronco, los brazos y la cabeza deben soportar la tensión y, por consiguiente, han de estar lo más relajados posible para no gastar un ápice de energía. El físico de un velocista se caracteriza por su gran fuerza y un sistema nervioso privilegiado, con un porcentaje de fibras musculares rápidas del 70%.

Para los corredores de 200 metros se exige velocidad y resistencia. Es necesario automatizar correctamente la técnica en la curva y aguantar el esfuerzo máximo pasados los 12-15 segundos iniciales, cuando las reservas se agotan y se acumula el ácido láctico, residuo de la combustión de energía. En los 400 metros, los corredores pueden utilizar diversas estrategias, estableciendo un equilibrio de fuerzas entre la velocidad y la resistencia. Durante la carrera de 400 metros se alcanzan altas concentraciones de ácido láctico en la sangre; esta acumulación puede provocar la descoordinación de los movimientos, dolores intensos y hasta náuseas y mareos, de los que el atleta tarda varias horas en recuperarse.

Carreras de medio fondo

Tradicionalmente se consideran carreras de medio fondo las que cubren los 800, 1.500 y 3.000 metros. En estas pruebas resultan fundamentales la correcta dosificación de la energía y la aplicación de una buena estrategia. Tras la primera curva, los atletas corren por la calle interior y reservan sus últimas fuerzas para la dura recta final, donde se decide en muchas ocasiones el resultado.

En algunas carreras, especialmente a la hora de batir récords, se utiliza un corredor de referencia, conocido como liebre, que lleva el ritmo del grupo en las primeras vueltas. Con ello se consigue reducir la resistencia del aire y, sobre todo, proporcionar un efecto psicológico para los que compiten por la marca final. A grandes rasgos se pueden diferenciar dos tipos de atletas: el explosivo, con un gran sprint final, y el resistente, que intentará llevar un ritmo muy alto, con continuos cambios de velocidad y tirones, para descolgar al resto de los atletas.

Carreras de fondo

En las carreras de fondo (5.000 metros, 10.000 metros y maratón) es sumamente importante la reserva de energías y la correcta hidratación del deportista. El maratón es una carrera de 42,195 kilómetros que se instauró en los Juegos Olímpicos de Londres de 1908; tal distancia es la que separa el castillo de Windsor y el estadio de White City. El francés Michel Bréal, amigo del barón de Coubertin, propuso incluir el maratón en los Juegos Olímpicos para rendir homenaje a la hazaña de un soldado llamado Filípides, que murió de agotamiento tras correr hasta Atenas para anunciar la victoria griega frente los persas (490 a.C.) en la batalla de Maratón.

Carreras de obstáculos

Los atletas deben superar en estas pruebas una serie de vallas instaladas a intervalos regulares y de distintas alturas según la modalidad. La principales modalidades son los 110 metros vallas masculinos, los 100 metros vallas femeninos, los 400 metros vallas masculinos y femeninos, y los 3.000 metros obstáculos masculinos.